Tras bastidores con Hussein Chalayan en el aniversario 25 de su marca

Tras bastidores con Hussein Chalayan en el aniversario 25 de su marca

Emily Chan — Hussein Chalayan puede no haber tenido en psique el veinticinco aniversario de su marca cuando creó la compilación Otoño/Invierno dos mil diecinueve, mas el tema, “pretensión”, es efectivamente conveniente para un diseñador que habitualmente ha sido menospreciado durante los años por ser vanguardista o bien, aun, presuntuoso. En el léxico de Chalayan, la palabra intención no es negativa y está íntimamente ligada a su proceso de diseño: crear una narrativa para transportar a su audiencia a otro sitio. “La inventiva consiste en fingir estar en otros mundos; está ahí para transportarte, para llevarte lejos de tu vida diaria”, afirma Chalayan a Vogue en su estudio en Camden, al norte de la ciudad de Londres.

Su nueva compilación –que se apega al mismo tema de la pre-fall dos mil diecinueve y la Otoño/Invierno dos mil diecinueve de hombre– examina las ideas de los juegos de papeles y la imagen que uno proyecta al planeta exterior. Hay tocados para la cabeza inspirados por el “voguing” –el estilo de baile de los años ochenta que, al tiempo se inspiró en las poses de las modelos sobre la pasarela–, como máscaras que apostillan la artificialidad del maquillaje, una idea que encaja perfectamente con los estampados empleados en la compilación.

La intención, para Chalayan, asimismo es cuestión de actuación. El diseñador turco-chipriota ha encontrado inspiración de nuevo en el Bunraku, el arte nipón de las marionetas, y ha utilizado “agentes” para animar sus diseños sobre la pasarela elevando los paneles de los vestidos, “creando el viento cuando las modelos se mueven”. Una idea afín fue utilizada en su filme Primavera/Verano dos mil once, Sakoku, pese a que Chalayan afirma que esta referencia a su trabajo pasado no está relacionada con su aniversario veinticinco, sino sencillamente “se ajustaba bien al tema”.

Pese al indiscutible elemento teatral de muchos de los desfiles de Chalayan (el Teatro Sadler’s Well ha sido sede de los desfiles del diseñador por bastante tiempo), insiste en que el espectáculo no es el principal objetivo. “He presentado chombas hermosamente cortadas sin un espectáculo y he tenido buenísimas temporadas”, afirma. “El elemento del espectáculo no es lo importante; lo esencial es de qué forma traduces ideas a la ropa”.

Aun más significativo que las ideas, afirma, es la forma en que se crean sus prendas. “Se trata de la artesanía”, explica Chalayan. “Si te fijas en la cantidad de trabajo que ponemos en la forma de hacer las cosas, la mayoría de nuestro tiempo se marcha en eso”. En verdad, Chalayan piensa que ha sido retratado de forma equivocada durante los años, siendo clasificado por ciertos sencillamente como un artista, pese a que el desarrollo de la era digital ha ayudado a mudar esa percepción. “Hizo que toda esta situación fuera más democrática por el hecho de que eres capaz de enseñar la compilación entera a todos, aun antes que abandones el sitio de la presentación”, afirma. “Eso significó que todos podían ver lo que hacías y no estabas a cargo de los editores que deseaban presentarte solo como un diseñador vanguardista”.
Hussein Chalayan
Chalayan afirma que, aun al comienzo de su carrera, estaba enfocado en diseñar piezas usables, no atuendos que continuaran en museos. “En las primeras temporadas, hacíamos sastrería”, afirma. “Estaba ahí por horas, haciendo mangas con mi equipo técnico –eliminando costuras y ese género de cosas”. Aunque era percibido como un diseñador ideal, sus chombas merchandising  eran utilizadas. “Todo mi equipo las utilizaba. Vendíamos en tiendas departamentales y en boutiques”, recuerda.

El deseo de crear ropa usable y bien cortada ha sido evidente durante los años, continuando hasta su última compilación, que incluye prendas de sastrería oversize y una paleta de colores tradicionales como gris y azul marino. “Si fueses a nuestra tienda ya, podrías utilizar el noventa y nueve por ciento de la ropa”, afirma. “De otro modo, no podríamos sobrevivir; no puedes vender ropa que no es usable”. Con un nivel de costo del mismo modo alcanzable (empezando en las doscientos setenta libras esterlinas), Chalayan tiene seguidores que van desde “el súper complejo coleccionista de arte” hasta los adinerados clientes del servicio de Medio Oriente, quienes “normalmente no se visten con este género de ropa”; aparte de un conjunto de celebridades que incluye a Lady Gaga (quien como todo el planeta sabe llegó a los Grammy de dos mil once en un huevo de Chalayan gigante), Katy Perry y Rihanna.
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Efectivamente, Chalayan sabe dos cosas sobre lo que se precisa para continuar en la industria de la moda, una vez que su compañía fue obligada a entrar en una liquidación involuntaria en dos mil once debido a un inconveniente de flujo de efectivo. Solo 5 meses después, retornó, merced a la ayuda de nuevos inversores –y empezó a presentarse en la ciudad de París para acrecentar la exposición de la marca, retornando a Londres hasta dos mil diecisiete. En dos mil diez, decidió quitar el Hussein del nombre de la marca para transformarse sencillamente en Chalayan y en el mes de enero del año pasado vendió un veinte por ciento de las acciones de la compañía a la plataforma de inversión Centricus, como una parte de su deseo de medrar el negocio.